
viernes, 29 de agosto de 2008
Salta Max!

martes, 19 de agosto de 2008
Housewife
domingo, 24 de febrero de 2008
Trashy

lunes, 4 de febrero de 2008
Tom.
La casa de madera está situada junto al lago Elk, en la província de Ontario. Allí vivo con Tom desde hace 4 años. Me gusta Tom porqué sabe convertir los problemas en canciones. Cuando llego de trabajar de la ciudad, el porche de casa suena a country o huele a whisky. Después del pip-pip del coche al cerrarse automáticamente, veo a Tom sentado en la silla balancín, bajo las bigas de madera del exterior de la casa. Con un vaso muy grueso en la mano, me llega el ruido de los golpes del hielo contra las paredes de cristal. Me mira con ojos serenos, con manos gruesas, con camisa de cuadros. Me espera.
Si me pregunta como me ha ido el día, prefiero ser escueto porque me interesa mucho más como le ha ido a él. Su aliento a licor me dice que estoy a salvo, en casa. En su día a día siempre aparecen ciervos enormes, nombres de pescado que desconocía, gatos, hasta que me habla del oso. Le conoce, se ven algunos días de la semana. Se encuentran en medio del bosque o en las orillas del lago mientras Tom pesca. Tom no le tiene miedo, ni huye de sus rugidos. Tom le canta y le regala peces.
En el vídeo que hay a continuación podéis ver nuestra casa de madera, ubicada junto al lago Elk. En él sale el sobrino de Tom. Es joven, se llama Hayden. Tom fue quien le enseñó a tocar la guitarra. Ahora Hayden escribe canciones de country, como su tío. Aunque las de Tom son más bonitas porque suenan a whisky.
http://es.youtube.com/watch?v=fstMC8rNyCE&feature=related
sábado, 12 de enero de 2008
Caballeros are died
martes, 8 de enero de 2008
Zebolla
Se apagó el cañón de luz que la iluminaba y cayó en la más absoluta invidencia. Le habían quitado años de encima, más concretamente, cuatro partos de grasa que la hacían cantar todos los viernes. Excepto alguno que estaba con catarro. Nunca le gustó su voz nasal.
Con sueño en la cara, su cerebro no paraba de sentir que estaba rodeada. Batas verdes, que no de boatiné, y utensilios por doquier. Esta vez no eran para remover la turba ni para abrillantar las hojas de los ficus.
Había amortiguado cuatro dolores escondidos. El caso es que ya no le dolerían jamás. Habían desaparecido bajo las luces amarillas que la vieron abierta. Ojalá nuestro órgano más rojo tuviera esa misma capacidad, como si de una cebolla se tratase. Cada año fabricaría una capa más, y así sucesivamente. De forma que los latidos se escucharan cada vez menos y los dolores empequeñecieran año tras año. No siempre pasa que el tiempo genera capas. Hay corazones muy pequeñitos que pueden atravesarse con solo una chincheta. Los hay del tamaño de una piedra de río. Incluso se han encontrado especies que tienen dos tipo canicas. Hay alguien que por muchas capas que genere, nunca podrá desprenderse de la peste que emana su cebolla podrida.